458056277_640Dr. Jason K. Allen

Pocos hombres han dado forma a la iglesia del siglo 21 más que John Piper, y pocos de sus libros han demostrado ser más útiles que “Hermanos, no somos profesionales.” Piper tiene razón. Los ministros no deberían ser como profesionales, siendo que su llamado es a un ministerio radical, sacrificial y desinteresado. Esto da en el clavo. Sin embargo, cuando se trata del “servicio ministerial”, tampoco los ministros estamos llamados a ser aficionados.

Un aficionado ministerial no es aquel que no posee formación formal o grados avanzados de instituciones de renombre. Un aficionado es aquél que no posee la base de conocimientos, habilidades y experiencia para una tarea en particular, en este caso el ministerio Cristiano. Es decir, uno puede todavía ser un aficionado, aunque con un título ganado, y uno puede ser un ministro fiel, aunque le falte uno.

De hecho, los Cristianos ––y en especial los ministros –– están llamados a ser personas a lo Primera de Corintios, capítulo 1, aquellos que tienen confianza en predicar la locura de la cruz. Por otra parte, la lista de los que carecían entrenamiento teológico formal, quienes al mismo tiempo impactaron al mundo para Cristo es larga, incluyendo luminarias como John Bunyan, Charles Spurgeon, y Martyn Lloyd-Jones. He aprendido mucho de hombres en los tiempos pasados ​​y presentes, los mismos que carecían de educación formal.

Sin embargo, nunca antes en la historia de la iglesia la educación teológica ha sido tan accesible, y nunca antes ha sido tan necesaria. La tecnología avanzada, sistemas de suministro innovadores, y los recursos que proliferan, todos hacen de ser un aficionado ministerial, un estado permanentemente –– inexcusable. ¿Por qué buscar preparación para el ministerio?

La complejidad de nuestros tiempos

Nuestro momento cultural requiere una preparación ministerial rigurosa. Cada generación, se presenta a la iglesia con dificultades especiales, pero nuestra generación viene con un equipaje y angulosidad única. No es que el siglo 21, es más caído o más secular que los anteriores, pero bien puede ser más complejo.

El quedarse perplejo ante preguntas éticas, a menudo las complejas ramificaciones tortuosas del pecado, y una intelectualidad cultural que dedica sus mejores energías a socavar el sistema de creencia Cristiano, todos presentan a la iglesia serios desafíos.

Los perdidos necesitan más que respuestas superficiales, provenientes de ministros mal equipados.  Ellos necesitan ministros preparados, para presentar la dotación completa de la verdad Cristiana de un modo atractivo, pensante, y convincente.

La centralidad de la enseñanza de las Escrituras

La predicación y la enseñanza de la Sagrada Escritura son la responsabilidad principal del ministro Cristiano, y es la necesidad central de la iglesia. De hecho, con el fin de ser bíblicamente calificado para ser un ministro cristiano, uno debe ser “apto para enseñar”.1

Pablo comisionó a Timoteo en repetidas ocasiones a un ministerio fiel de la Palabra, con exhortaciones como: “Retén la forma de las sanas palabras”, “cuida la preciosa enseñanza que se te ha confiado”, “usa bien la palabra de verdad.” y “que prediques la Palabra”.2 Estas exhortaciones, y muchas otras, requieren una mente renovada –– y una mente informada. Simplemente no hay lugar en el ministerio, para la exégesis descuidada, la interpretación de mala calidad, o sermones superficiales.

Uno puede ser un fiel ministro sin un título de seminario, pero no se puede ser un ministro fiel, sin conocer la Escritura.

Las consecuencias del Ministerio

Existe una correlación alarmantemente contraria, entre la seriedad de la tarea ministerial, y la ligereza con la que a menudo algunos la toman. No vamos a dejar que un mecánico inexperto, reconstruya nuestra transmisión; ni permitiríamos que un pediatra indocto, diagnostique a nuestros hijos. Sin embargo, las iglesias suelen colocar a individuos con los niveles más bajos de preparación en el cargo más alto –– el pastorado.

¿Por qué uno a sabiendas recibiría el cuidado de su alma y la instrucción bíblica de un aficionado?, y ¿por qué un ministro se contenta con ser un aficionado? Las almas están en la balanza. Hay un cielo que ganar y un infierno que evitar. Hay una verdad fija para defender y proclamar. Satanás es serio acerca de su llamado; los ministros deberian ser serios acerca del llamado de ellos. El ministerio tiene demasiadas consecuencias, para no serlo.

La prioridad de la Gran Comisión

El fin por el cual el ministro trabaja, es la proclamación del Evangelio y la promoción de la Gran Comisión. El Cumplimiento de la Gran Comisión requiere una carga por los perdidos, una pasión por la gloria de Dios en la salvación de los pecadores, y una mente preparada para razonar, enseñar y presentar persuasivamente el evangelio.

Por otra parte, la Gran Comisión es un llamado a hacer discípulos, no sólo conversos. Aunque a menudo, esto es conceptualizado como principalmente un acto de celo, la Gran Comisión, también requiere conocimiento. Se requiere una respuesta “ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”, una capacidad de contender “ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”, y una habilidad para enseñar a “hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”.3

Conclusión

Una vez escuché a un profesor reprender a un estudiante, que argumentó que era apropiado que él leyera su sermón de sus manuscritos, porque Jonathan Edwards leyó su sermón de los suyos. El profesor replicó: “¡Tonto, tú no eres Jonathan Edwards!” Del mismo modo, no mires a modelos como Spurgeon y Lloyd-Jones como justificación para no buscar una educación teológica formal. Ellos eran genios, que se instruyeron a sí mismos. Pero lo más probable, es que tú no seas un genio como ellos.

Dios bien te puede utilizar a pesar de la falta de entrenamiento formal, pero si tienes la accesibilidad en lo que respecta a la educación teológica –– y casi todas las personas en el planeta ahora la tienen –– ¿para que buscarla?

Los ministros serán juzgados por su fidelidad, no por sus logros académicos. Sin embargo, es imposible ser un ministro fiel, sin estar correctamente equipado. Hermano, no seas un ministro aficionado!

1. 1 Timoteo 3:2 .

2. 2 Timoteo 1:13-14 NVI; 2 Timoteo 2:15; 2 Timoteo 4:2.

3. 1 Pedro 3:15; Judas 1:3 ; 2 Timoteo 2:2.

Traducido por el Pastor Peter Citelli.

 

 

 

 

 

 


 

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2 comentarios en “Hermanos, no somos Aficionados: Un Llamado a la Preparación Ministerial

  1. Que Dios le bendiga grande y poderosamente..Y siga dando sabiduría para enseñar, hoy entendí muchas cosas tan ciertas. Las pondré en practica..

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