T4G – Juntos por el Evangelio, Afirmaciones y Negaciones

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Together for the Gospel

Somos hermanos

Somos hermanos en Cristo unidos por una gran causa: permanecer juntos por el evangelio.
Estamos convencidos que en muchas iglesias y entre muchos que dicen llevar el nombre de
Cristo, el evangelio de Jesucristo se ha tergiversado, malentendido y marginado. La
transigencia con el evangelio ha conducido a la predicación de falsos evangelios, la
seducción de muchas mentes y movimientos, y la debilitación del testimonio evangélico de la
iglesia.

Tal como ha ocurrido anteriormente en momentos de crisis teológica y espiritual en la iglesia,
creemos que la solución para esta confusión y transigencia se halla en la recuperación y
reafirmación exhaustiva del evangelio, como también en que los cristianos se reúnan y
formen iglesias evangélicas que reflejen la gloria de Dios en este mundo caído.

También, como hermanos, nos une una profunda preocupación por la iglesia y el evangelio.
Específicamente, esta preocupación tiene que ver con ciertas tendencias que existen dentro
de la iglesia hoy en día. Nos preocupa la tendencia de muchas iglesias a reemplazar la
verdad por técnicas, la teología por terapia, y el ministerio por gestión.

También nos preocupa que a menudo el propósito glorioso de Dios para la iglesia de Cristo
quede escondido debajo de tantos otros asuntos y programas, otras tecnologías y
prioridades. El testimonio, la obra y la identidad de la iglesia se han debilitado gravemente
debido a la confusión que existe con respecto a temas cruciales; particularmente, la
autoridad de la Biblia, el significado del evangelio y la naturaleza de la verdad misma.

Permanecemos juntos por el evangelio; y por la recuperación completa y gozosa del
evangelio en la iglesia. Estamos convencidos que dicha recuperación se hará evidente
tomando la forma de iglesias evangélicas fieles, y que cada una de ellas dará testimonio fiel
de la gloria de Dios y del poder del evangelio de Jesucristo.

Artículo I
Afirmamos que la única autoridad para la iglesia es la Biblia, inspirada verbalmente,
inerrante, infalible, y totalmente suficiente y digna de confianza.

Negamos que la Biblia sea un mero testimonio de la revelación divina, o que alguna porción
de la Escritura esté caracterizada por error o por los efectos del pecado humano.

Artículo II
Afirmamos que la autoridad y suficiencia de la Escritura se extiende a la totalidad de la Biblia,
y por lo tanto la Biblia es nuestra autoridad final en toda doctrina y práctica.

Negamos que cualquier porción de la Biblia deba usarse para negar la veracidad o
confiabilidad de otra porción de la misma. Además, rechazamos cualquier esfuerzo por
identificar un canon dentro del canon o, por ejemplo, de contraponer las palabras de Jesús a
los escritos de Pablo.

Artículo III
Afirmamos que la verdad siempre es un asunto central para la iglesia, y que la iglesia debe
resistir la atracción del pragmatismo y de las concepciones postmodernas de la verdad como
sustitutos de la obediencia a lo que la Escritura declara como verdad absoluta.

Negamos que la verdad sea meramente un producto de construcción social o que la verdad
del evangelio se pueda expresar o fundamentar en cualquier cosa que no sea una confianza
total en la veracidad de la Biblia, la historicidad de los eventos bíblicos, y la habilidad del
lenguaje de comunicar verdades inteligibles en forma de oraciones.

Además, negamos que la iglesia pueda establecer su ministerio sobre la base del pragmatismo, de las técnicas de
mercadotecnia, o de las modas culturales contemporáneas.

Artículo IV
Afirmamos la centralidad de la predicación expositiva en la iglesia y la necesidad urgente de
recuperar la exposición bíblica y la lectura pública de la Escritura en los cultos.

Negamos que el culto que honra a Dios pueda marginar o desatender el ministerio de la
Palabra que se manifiesta mediante la exposición y la lectura pública. También negamos que
una iglesia desprovista de predicación bíblica verdadera pueda sobrevivir como iglesia
evangélica.

Artículo V
Afirmamos que la Biblia revela que Dios es infinito en todas sus perfecciones, y por lo tanto
es verdaderamente omnisciente, omnipotente, eterno e independiente en su existencia.

También afirmamos que Dios conoce perfectamente todas las cosas: pasadas, presentes y
futuras, incluyendo todos los pensamientos, acciones y decisiones humanos.

Negamos que el Dios de la Biblia esté en cualquier manera limitado en términos de
conocimiento o poder, o en cualquier otra perfección o atributo, o que Dios haya limitado sus
propias perfecciones.

Artículo VI
Afirmamos que la doctrina de la Trinidad es un aspecto esencial del cristianismo; que da
testimonio de la realidad ontológica del único Dios verdadero en tres personas divinas,
Padre, Hijo y Espíritu Santo; y que cada uno de ellos es de la misma sustancia y
perfecciones.

Rechazamos la afirmación de que la Trinidad no es una doctrina esencial, o que la Trinidad
se pueda entender meramente en categorías económicas o funcionales.

Artículo VII
Afirmamos que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre, en perfecta, pura
e inconfundida unión a lo largo de toda su encarnación y ahora eternamente.

También afirmamos que Cristo murió en la cruz como sustituto de los pecadores, como sacrificio por el
pecado, y como propiciación de la ira de Dios para con los pecadores. Afirmamos que la
muerte, la sepultura y la resurrección corporal de Cristo son esenciales para el evangelio.

Además, afirmamos que Jesucristo es Señor sobre su iglesia, y que Cristo reinará sobre todo
el cosmos en cumplimiento del bondadoso propósito del Padre.

Negamos que el carácter sustitutivo de la expiación de Cristo por el pecado se pueda transar
sin dañar seriamente el evangelio, o que se pueda negar sin repudiar el evangelio.

Además, negamos que Jesucristo se manifieste solamente en debilidad, en vez de en poder, señorío,
o glorioso dominio; o, de manera inversa, que Cristo se manifieste solamente en poder y
jamás en debilidad.

Artículo VIII
Afirmamos que la salvación es por gracia de principio a fin, y que el evangelio se nos revela
en doctrinas que exaltan fielmente el propósito soberano de Dios de salvar a pecadores y en
su determinación de salvar a su pueblo redimido sólo por gracia, sólo mediante la fe, sólo en
Cristo, sólo para su gloria.

Negamos que se pueda considerar doctrina verdadera cualquier enseñanza, sistema
teológico, o medio de presentar el evangelio, que niegue la centralidad de la gracia de Dios
como su don de favor inmerecido hacia los pecadores.

Artículo IX
Afirmamos que el evangelio de Jesucristo es el medio por el cual Dios salva a su pueblo, que
a los pecadores se les manda creer el evangelio, y que a la iglesia se le ha encomendado la
misión de predicar y enseñar el evangelio a todas las naciones.

Negamos que el evangelio pueda ser reducido a un programa, una técnica, o un enfoque de
mercadotecnia. Además, negamos que la salvación se pueda separar del arrepentimiento
para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

Artículo X
Afirmamos que la salvación viene sobre aquellos que verdaderamente creen y confiesan que
Jesucristo es Señor.

Negamos que haya salvación en cualquier otro nombre, o que la fe salvífica pueda tomar
cualquier otra forma que no sea una creencia consciente en el Señor Jesucristo y en sus
actos de salvación.

Artículo XI
Afirmamos la continuidad del propósito salvífico de Dios y la unidad cristológica de los
pactos. También afirmamos que existe una distinción básica entre la ley y la gracia, y que el
verdadero evangelio exalta la obra propiciatoria de Cristo como el cumplimiento consumado y
perfecto de la ley.

Negamos que la Biblia presente cualquier otro medio de salvación que no sea la bondadosa
aceptación divina de los pecadores por medio de Cristo.

Artículo XII
Afirmamos que los pecadores son justificados sólo mediante la fe en Cristo, y que la
justificación sólo por fe es al mismo tiempo esencial y central para el evangelio.

Negamos que cualquier enseñanza que minimice, niegue o confunda la justificación sólo por
fe pueda considerarse de acuerdo al evangelio. Además, negamos que cualquier enseñanza
que separe la regeneración y la fe sea una representación verdadera del evangelio.

Artículo XIII
Afirmamos que la justicia de Cristo se imputa a los creyentes sólo por decreto de Dios, y que
esta justicia, imputada al creyente sólo mediante la fe, es la única justicia que justifica.

Negamos que dicha justicia se gane o merezca de cualquier manera; que se infunda en el
creyente en cualquier grado, o que se haga realidad en el creyente por cualquier otro medio
que no sea solamente por la fe.

Artículo XIV
Afirmamos que la forma del discipulado cristiano es congregacional, y que el propósito de
Dios se hace evidente en congregaciones evangélicas fieles que reflejan la gloria de Dios por
medio de las marcas de una auténtica eclesiología.

Negamos que un cristiano pueda ser verdaderamente un discípulo fiel alejado de la
enseñanza, disciplina, comunión y supervisión de una congregación de compañeros
discípulos, organizada como iglesia evangélica. Además, negamos que la Cena del Señor se
pueda administrar fielmente alejada de la correcta práctica de la disciplina de la iglesia.

Artículo XV
Afirmamos que las congregaciones evangélicas deben trabajar conjuntamente en
cooperación humilde y voluntaria, y que la comunión espiritual de las congregaciones
evangélicas da testimonio de la unidad de la iglesia y de la gloria de Dios.

Negamos que la lealtad a cualquier denominación o comunión de iglesias pueda tomar
precedencia sobre las afirmaciones de la verdad y la fidelidad al evangelio.

Artículo XVI
Afirmamos que la Escritura revela un patrón de orden complementario entre hombres y
mujeres, y que este orden es en sí mismo un testimonio del evangelio como también un don
de nuestro Creador y Redentor. También afirmamos que todos los cristianos son llamados a
servir dentro del cuerpo de Cristo, y que tanto a hombres como mujeres Dios les ha dado
roles importantes y estratégicos dentro del hogar, la iglesia y la sociedad.

Además, afirmamos que el oficio de enseñanza en la iglesia se ha asignado sólo a aquellos hombres
que han sido llamados por Dios en cumplimiento de las enseñanzas bíblicas, y que los
hombres deben ser líderes de sus hogares como esposos y padres que temen y aman a
Dios.

Negamos que la distinción de roles entre hombres y mujeres revelada en la Biblia sea
evidencia de un mero condicionamiento cultural o una manifestación de la opresión o
prejuicio de los hombres en contra de las mujeres.

También negamos que esta distinción bíblica de roles excluya a las mujeres del ministerio significativo en el reino de Cristo.
Además, negamos que una iglesia pueda confundir estos asuntos sin dañar su testimonio evangélico.

Artículo XVII
Afirmamos que Dios llama a su pueblo a reflejar su gloria en la reconciliación de las naciones
dentro de la iglesia, y que el deleite de Dios en esta reconciliación se hace evidente en la
reunión de los creyentes de toda lengua, tribu, pueblo y nación. Reconocemos que la
abrumadora magnitud de injusticia contra los afroamericanos en el nombre del evangelio
presenta una oportunidad especial para reflejar el arrepentimiento, el perdón y la
restauración que el evangelio promete.

Además, afirmamos que el cristianismo evangélico en Estados Unidos tiene una responsabilidad particular
de demostrar esta reconciliación con nuestros hermanos y hermanas afroamericanos.

Negamos que una iglesia pueda aceptar prejuicios, discriminación o divisiones raciales sin
traicionar el evangelio.

Artículo XVIII
Afirmamos que nuestra única esperanza firme y segura está en las firmes y ciertas promesas
de Dios. Por lo tanto, nuestra esperanza es una esperanza escatológica, fundada en nuestra
confianza en que Dios consumará todas las cosas en una manera que dé la mayor gloria a
su nombre, la mayor preeminencia a su Hijo y el mayor gozo a su pueblo redimido.

Negamos que nuestro deber sea encontrar la máxima satisfacción o felicidad en este mundo,
o que el propósito máximo de Dios sea meramente que tengamos una vida más significativa
y que nos dé más satisfacción en este mundo caído.

Además, negamos que cualquier enseñanza que presente salud y riquezas en esta vida como lo que Dios ciertamente ha
prometido pueda ser considerada un evangelio verdadero.

Ver esta declaración en
Alemán
Inglés
Ruso

“Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron
y en el cual se mantienen firmes. Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la
palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano. Porque ante todo les
transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las
Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras”1 Corintios 15:1-4.

“Luego vi a otro ángel que volaba en medio del cielo, y que llevaba el evangelio eterno para
anunciarlo a los que viven en la tierra, a toda nación, raza, lengua y pueblo. Gritaba a gran
voz: «Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio. Adoren al que hizo
el cielo, la tierra, el mar y los manantiales»”Apocalipsis 14:6-7.

J. Ligon Duncan III
Mark E. Dever
C.J. Mahaney
R. Albert Mohler, Jr.

PD: Este ministerio se suscribe a las afirmaciones y negaciones expresadas anteriormente (PCM).

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